Hablamos con el hombre, le pedimos que nos dejara entrar, que no nos demorábamos. Él continúo con su cigarrillo entre los labios y con la mirada colgada en el árbol del frente. Las pieles de las ovejas se arrinconaban junto a la mujer, eran una montaña blanco-sanguinolenta. Caminamos y no te pregunte a qué olía. No interesaba. Luego, la fila de cabezas que vi al otro lado en el vidrio opaco del baño.
Lanzamiento de Primal Repetition, 11 de Abril en el Hall74
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Escribir sobre música es para mí una de las tareas literarias más
difíciles. Dice Barthes al respecto en El «grano» de la voz: “¿Cómo se las
arregla la len...
