El artista es creador. Varios pueden ser los senderos para llegar a la creación y distintas los ejercicios de creación que se asuman. Pero en esa multiplicidad está contenida y resguardada su esencia única, su imposibilidad de repetirse una y otra vez, aunque cambien los tiempos, las culturas, los idiomas, las escrituras.
El artista es un plagiador. Pero no un ladronzuelo que hurta lo ajeno para beneficio de su ego.
Cuando hay ego todo se malogra. Se piensa en el nombre y en la imagen que se tiene de sí mismo. Solo se oye el susurro de los propios pasos como si ello diera forma al suelo, a las piedras o a las hojas secas que se pisan.
Bogotá, 2014
Dawkins y el prestigio del ateísmo.
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Richard Dawkins es probablemente el científico más influyente de mi
adolescencia y uno de los autores que más he leído, releído y estudiado.
Mientras que p...
