jueves, 8 de enero de 2009

Conversación I

Sin proyecto de vida
Me proyecto en la muerte.
¿No es acaso mejor?

Con el agotamiento de cada día y
la Infancia, ya lejana,
Me enredo,
entre hilos de arañas,
en los rincones de la casa.

¿Discurso fatalista?
Nada más ajeno
a ese juego
entre la victoria y la derrota.

martes, 6 de enero de 2009

Quiero vivir

Quiero vivir en esta ciudad
Pero solo de paso.
Quiero recorrer estas calles, feliz
Porque sé que ya no me pertenecen.
Te las regalo,
a ti
Que las adulas,
Que las citas
En tus horas
Y en todas las tardes que reniego de ellas.

(La rabia se tornará silencio
Porque sabré que en pocos días me habré ido.)

Veo gente
Que se cruza en mi camino
La lástima calma la ira de mis ojos
Ante éste, su amor de patria
que cuelga de cortinas polvorientas y raídas.

(Y yo,
Con el arrullo del cansancio soplándome en el cuello,
Podré decir: estuve pero ya me he ido.)

viernes, 2 de enero de 2009

Entre el escritorio

No existe la insignificancia de las cosas
Cuando se abren los cajones del escritorio.
Cada papel, cada cuenta, trámites de toda una vida
Se levantan al calor de lo que ya no hay
Y van al encuentro de lo que queda.

lunes, 22 de diciembre de 2008

En camino

Ahora, ya en el filo del tiempo,
La mujer se sienta en la silla roja
De su padre
Y piensa…

Piensa porque ya no cree en las palabras
Que se escriben en papeles
Y se envían con fechas determinadas
Piensa porque, adentro, aún dan vuelta
Canciones que quiere borrar
Piensa porque quiere inventar sus recuerdos
Para desterrar, así, algunos momentos.

Ahora, ya en el filo del tiempo,
La mujer se sienta en la silla roja
Que era de su padre
Y piensa…

domingo, 14 de diciembre de 2008

Ante lo que hay

La parresia… ¿única salida?

viernes, 12 de diciembre de 2008

Revisión


Ahora, que encaramo cosas a mi sitio, me doy cuenta de que hace dos semanas no incluyo nada nuevo. Aprovecho, entonces, la ocasión para alejarme un poco de mis textos e ingresar a los textos de otros. Leo, hace días y tratando de evitar el deber, una novela de una escritora colombiana, joven ella, incluida dentro de eso que les dio por llamar Bogotá 39, Pilar Quintana. La leo porque me di a esa tarea y porque hace unos meses, en una de esas ventas de bodega que resultan en los corredores de la Biblioteca Luis Ángel Arango encontré su segunda novela Coleccionistas de polvos raros, por uno de aquellos precios que es imposible evitar. Tardé mucho en terminarla y la cuestión no obedece a una complejidad en su apuesta literaria. Es más, se lee, como rezan las novelas de ahora, de forma ágil y rápida. La tardanza obedeció más a un problema de conexión. Debo confesarlo: es mi falta. Sin lugar a dudas. Para animarme, tuve que buscar en Google los enlaces que aparecieron al escribir su nombre en el espacio en blanco. Debo decir, también, que la motivación responde mucho más a un afán por saciar la curiosidad frente a un chisme. Muy apropiado para la sección de farándula de nuestros noticieros. La tensión fue dada, primero, por un artículo sobre Andrés Caicedo que le publicó a Quintana una de esas revistas que son trampolín y escena de nuestros jóvenes y avezados talentos literarios. Más que con su texto, me entretuve con los comentarios de los lectores. Después, no pude evitar el paso a una respuesta a modo de carta de amor de Sandro Romero a la susodicha. He aquí la delicia que se permiten estas revistas “solo para hombres”. No hallé más cartas cruzadas sobre el tema. Tal vez el asunto quedó zanjado allí o, es muy probable después de leer algunas entrevistas concedidas por la escritora, que el asunto se solucione en alguna próxima novela. Habrá que ver, seguirá siendo parte de mi tarea…

domingo, 30 de noviembre de 2008

En la Re-vuelta

Es una huída que nadie entiende
-No tendrían por qué hacerlo-

Es una imagen pegada en la pared del frente
En mi cuarto
Que se desliza cada vez que tomo uno de aquellos buses rojos
Y me persigue en cada charco de la calle

Y tú no lo entiendes
Porque miras todo con los ojos del propósito
Y yo tampoco te lo puedo explicar
Porque siempre miro con los ojos del deseo

¿Es eso malo?

Será, entonces, un error más para el Sumario
Y tomará la forma de un perro solitario en una calle en un día de lluvia
Hasta que pueda acomodar las fichas de todo esto en una maleta de viaje sin retorno.