lunes, 27 de julio de 2009

En el curso [A propósito de la charla con L. P. y de las pinturas de K. (A). H]


Clio y Milka agatunadas


Con las casualidades, de lo virtualmente clasificable, engordo la colección de objetos encontrados, pinturas y fotos de otras gatas y algo que se me ocurrió sobre la marcha: la sospecha de que los editores son aquellos escritores que deambulan por los textos de otros buscando el propio…

Bogotá, 2009

domingo, 26 de julio de 2009

Amor felino

Historias ya contadas

La cuestión no es la de la página en blanco

-el mejor invento de la escritura-

La cuestión no se resuelve en la angustia, ni en la decisión.

Pulsión, ausencia, constancia, inspiración.

Todos nombres para algo sin nombre.

Todos límites para lo inconmensurable.

La cuestión no se sirve de fórmulas, ni de procedimientos.

Todo ocurre en la conveniencia del accidente.

Bogotá, 2009

miércoles, 22 de julio de 2009

Acerca del palimpsesto y el accidente


Meine Hände


Ayer P. M. me trajo un libro, del que había hablado a raíz de un ejercicio de iniciación que tiene como punto de partida una puerta entreabierta, titulado El libro de los libros. Historias sobre imágenes, de Quint Buchholz. Recién salió de mi casa me puse a hojear la cuidadosa edición a cargo de Editorial Lumen en Barcelona. El asunto es este: Buchholz lleva una serie de ilustraciones que desparraman en algún piso de la editorial. Allí se dan cuenta de que los dibujos remiten a la representación del libro y de que sería una buena cosa enviarlos a igual número de escritores para que escriban algo inspirados por el artista alemán. Quiero imaginar el modo en que llegan dichos sobres a autores como Javier Marías, Susan Sontang, Amos Oz, Antonio Tabucci, George Steiner, Orhan Pamuck, entre otros cuarenta, y cómo se sienten con el encargo. Por ahora, de la lectura, rescato este fragmento de un autor italiano que no conocía, Giuseppe Pontiggia:

Levantó la primera hoja, pero estaba en blanco. También la segunda estaba en blanco. Todas estaban en blanco. Se dirigió a la puerta y la abrió, pero al otro lado no había nada, sólo la llanura interminable. Entonces comprendió que las hojas en blanco eran el libro que quería leer, porque escribir y leer se habían convertido finalmente en la misma cosa.

Como suele pasar, lo busqué (a Pontiggia) en la Internet y encontré este bello texto sobre su escritura. De nuevo, el azar gana la partida y el accidente se muestra como el mejor modo de conocimiento:

Il mio modo di scrivere non tende all'affettazione, all'arcaismo, al purismo. Adopero un linguaggio molto comprensibile con screziature letterarie, senza voler essere in alcun modo sofisticato. Forse un lettore superficiale può non accorgersene, ma io lavoro moltissimo sui dialoghi, gli aggettivi, gli avverbi, i cambiamenti di passo, la sintassi, la costruzione della frase.

Recomendados:

http://www.quintbuchholz.de/hauptseiten/startseite.html

http://www.giuseppepontiggia.net/

Bogotá, 2009

lunes, 20 de julio de 2009

Historias encontradas


El viernes, mientras hacía tiempo, entré a una librería café y me puse a recorrer las estanterías de usados. De los títulos extraje uno de Evelio José Rosero Diago, Las esquinas más largas. No tenía precio. Bajé y pregunté pero nadie daba razón del valor que le correspondía. Lo miraron y en la primera página tenía una dedicatoria. Me preguntaron si no me importaba que el libro estuviese rayado. Les dije que no. Después de un tiempo de espera me dieron una cifra y yo ofrecí porque más que el libro me interesa la historia que existe detrás del detalle sin importancia de una dedicatoria, en la primera página, que, con letra verde, dice:

Para Harold Alvarado Tenorio

Con un abrazo

Evelio Rosero Diago

Bogotá/98

viernes, 17 de julio de 2009

Apariciones de lo invisible


Hace unos cuantos días escribí un texto sobre Barba Jacob que, en un comienzo, había inscrito en Miercolandia a través de “Mierdópolis”. Más tarde, y ya a punto de dormir, llegó a mí el arrepentimiento de haber terminado de esa manera no porque piense que no es así sino por una cuestión de vanidad: el texto me gustó y me daba pena que el regocijo terminase empantanado por el lodazal. Así que, al otro día y diligente, me levanté y opté por la tibieza de un “Bogotá” como cierre de mi más pura jactancia: la satisfacción de la escritura.

Bogotá, 2009

lunes, 13 de julio de 2009

El encuentro K.

A I.P. y a O. G. por la fuerza de la revisión

Por el mero accidente de una revisión bibliográfica, Ella se encontró con Él en el anaquel de la letra K. Lo había evitado, a fuerza del temor que sentía, dilatando la escena una y otra vez, una y otra vez, hastiando el encuentro al final del corredor. Ella había contado las escaleras una y otra vez, una y otra vez, haciendo un deber que nadie le había dictado. Ella había destripado los insectos una y otra vez, una y otra vez, con la suela de sus zapatos mientras otro le preguntaba por sus lecturas en el extremo de la línea. Los intentos fueron varios pero, al contrario de esos encuentros siempre fallidos, en el último momento se detuvo la escena y Él, por fin, pudo hablar:

Todos son muy amables con A., es como si, en el caso de una mesa de billar, se intentara cuidadosamente preservarla incluso de los buenos jugadores hasta la llegada del gran jugador, que examinará la mesa atentamente, sin tolerar el menor defecto previo, para luego, al empezar a jugar él, tratar la mesa con total desconsideración.

Luego, antes de salir, Él se acercó y, con aire tibio, escribió en las imperfecciones de su oído, el de Ella:

El mutismo es uno de los atributos de la imperfección.

Bogotá, 2009

Recomendado:

Kafka, Franz. Obras completas III. Narraciones y otros escritos. Edición dirigida por Jordi Llover. Trad. Adan Kovacsics, Joan Parra Contreras y Juan José del Solar. s/l: Galaxia Gutemberg; Círculo de Lectores, 2003. [En una bella edición en un bello papel]