jueves, 14 de abril de 2011

Ficción mínima

Al pisar la hierba, un leve chasquido interrumpió su marcha. Bajó la mirada en busca de una respuesta y justo en eso momento, los murciélagos saltaron a su espalda.
Bogotá, 2011

jueves, 7 de abril de 2011

Fatalidad

Por más que lo intente, Aquiles nunca alcanzará a la tortuga. Bogotá, 2011

Próxima "Noche de Narradores"


miércoles, 6 de abril de 2011

Sobre duendes y dinero

Acabo de enviar a todas las direcciones electrónicas que figuran en un correo que me envían, el correo enviado. En primer lugar, lo hago porque detesto que me envíen correos masivos con mensajes que debo reenviar para que mejore mi suerte, para tener dinero, para ser exitosa, y en segundo lugar, porque es bastante curioso que en diez o más filminas me están tratando de convencer que con el dinero no compro el sueño, ni el amor, ni el hogar, ni el tiempo, etc, tec, pero -cosa curiosa- al final me dicen que si envío el mensaje en menos de cuatro días a veinte personas tendré dinero. Me pregunto: dinero para qué, si no puedo comprar el sueño o el amor o el hagar o el tiempo.



Bogotá, 2011

domingo, 3 de abril de 2011

Fugacidad

Tan sólo ayer se me ocurrió un texto memorable, ahora ya no lo recuerdo.

Bogotá, 2011

Monotema

De las operaciones de la vida, observar y escribir son las mejores. Si uno camina por la calle, puede comprobar a lo que me refiero. No quiero sonar insuficiente, es sólo parte del delirio de la noche. Podría comprobar de lo que hablo, pero entonces tendría que buscar fórmulas y aplicarlas a mi propia vida. No es ese el caso, mientras tú armas tu propio rompecabezas con recortes de revistas, yo vuelo con las letras.


Bogotá, 2011

viernes, 1 de abril de 2011

Sobre lo sospechoso del "nosotros" aplicado en la vida diaria


El método apropiado para poner a prueba mi capacidad de autocontrol es el de no hacer comentario alguno en el instante en que me cruzo con algunos o algunas que profieren un "nosotros" victorioso cuando llega el momento de reclamar la gloria.
Para ilustrar la situación, recordé este cuento de mi infancia: La gallina roja, de Byron Barton
Había una vez una gallina roja llamada Marcelina, que vivía en una granja rodeada de muchos animales. Era una granja muy grande, en medio del campo. En el establo vivían las vacas y los caballos; los cerdos tenían su propia cochiquera. Había hasta un estanque con patos y un corral con muchas gallinas. Había en la granja también una familia de granjeros que cuidaba de todos los animales. Un día la gallinita roja, escarbando en la tierra de la granja, encontró un grano de trigo. Pensó que si lo sembraba crecería y después podría hacer pan para ella y todos sus amigos.-¿Quién me ayudará a sembrar el trigo?, les preguntó.- Yo no, dijo el pato.- Yo no, dijo el gato.- Yo no, dijo el perro.- Muy bien, pues lo sembraré yo, dijo la gallinita. Y así, Marcelina sembró sola su grano de trigo con mucho cuidado. Abrió un agujerito en la tierra y lo tapó. Pasó algún tiempo y al cabo el trigo creció y maduró, convirtiéndose en una bonita planta.-¿Quién me ayudará a segar el trigo?, preguntó la gallinita roja.- Yo no, dijo el pato.- Yo no, dijo el gato.- Yo no, dijo el perro.- Muy bien, si no me queréis ayudar, lo segaré yo, exclamó Marcelina. Y la gallina, con mucho esfuerzo, segó ella sola el trigo. Tuvo que cortar con su piquito uno a uno todos los tallos. Cuando acabó, habló muy cansada a sus compañeros:-¿Quién me ayudará a trillar el trigo?- Yo no, dijo el pato.- Yo no, dijo el gato.- Yo no, dijo el perro.- Muy bien, lo trillaré yo. Estaba muy enfadada con los otros animales, así que se puso ella sola a trillarlo. Lo trituró con paciencia hasta que consiguió separar el grano de la paja. Cuando acabó, volvió a preguntar:-¿Quién me ayudará a llevar el trigo al molino para convertirlo en harina?- Yo no, dijo el pato.- Yo no, dijo el gato.- Yo no, dijo el perro.- Muy bien, lo llevaré y lo amasaré yo, contestó Marcelina. Y con la harina hizo una hermosa y jugosa barra de pan. Cuando la tuvo terminada, muy tranquilamente preguntó:- Y ahora, ¿quién comerá la barra de pan? volvió a preguntar la gallinita roja.-¡Yo, yo! dijo el pato.-¡Yo, yo! dijo el gato.-¡Yo, yo! dijo el perro.-¡Pues NO os la comeréis ninguno de vosotros! contestó Marcelina. Me la comeré yo, con todos mis hijos. Y así lo hizo. Llamó a sus pollitos y la compartió con ellos.




Hoy, viernes, me tomaré una botella de vino por ellos y ellas.





Bogotá, 2011