Eres inocente cuando duermes. Al cerrar los ojos, dejas todo atrás. Es como una vieja película que ya todos conocen. Nada más importa. Tal vez empieces por contar tu vida porque consideras que tiene algo demasiado bueno para ser olvidado. Tal vez te sientes y escribas solo para insertar unas cuantas palabras que consideras importantes. Quién lo sabe. Tal vez empieces con la historia de un hombre o de una mujer que no eres tú solo para no sentir vergüenza de lo que lees. Él o ella estará allá, a la distancia y levantarás tu mano en un saludo tranquilizante como quien da el vuelto después de la gran cena que infló su desinflada existencia. Quién lo sabe. Ahora viene el quiebre, la fractura, la desnudez y el traje de hombre sobre la cama. Un hombre, porque decides que te disfrazarás de él, comerás como come, dormirás como duerme, gritarás como grita.
Dawkins y el prestigio del ateísmo.
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Richard Dawkins es probablemente el científico más influyente de mi
adolescencia y uno de los autores que más he leído, releído y estudiado.
Mientras que p...

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