Justo ayer, mediando un licor de cerezas amargas, las historias volaron al viento: un señor subido de una altura de la cual ya no pudo bajar; hombres y niños trepados en bicicletas no superan el paso de un puente de concreto; pedidos de carbón por comunicadores; una huerta donde sólo debería existir árboles y pasto… Y, todo, porque ya llegó agosto.
Dawkins y el prestigio del ateísmo.
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Richard Dawkins es probablemente el científico más influyente de mi
adolescencia y uno de los autores que más he leído, releído y estudiado.
Mientras que p...

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