miércoles, 22 de febrero de 2012

Calaveradas

En andanzas por el barrio, miren lo que encontré,
con una calaverada me topé.


Cuando sonaba el teléfono, yo levantaba la bocina.

Luego decía "Aló", y si al otro lado no respondían imaginaba que se trataba de una calaverada.

No de un mudo, como lo llamaba mi madre,

Ni de una falla en la comunicación, como le decía el técnico que revisa las líneas.

No he vuelto a recibir ninguna,

Calaverada, claro está,

Porque ya no doy mi número a nadie.

Bogotá, 2012

viernes, 10 de febrero de 2012

Una experiencia de angustia pasajera



He experimentado la angustia ante una pérdida de memoria que me impidió, por dos días, entrar a uno de mis correos y al blog. Esta pérdida, patrocinada por mi nueva condición tras la llegada de la bella Amelia, y mi exagerada permanencia, en este último tiempo, en mis dispositivos móviles, que le hacen a uno la vida más fácil y cliqueable con tan sólo acceder a un icono, ha actuado en detrimento de mi memoria para aquello que no se debe olvidar.

Pasado el episodio de confusión, he recuperado la compostura y, espero, el ritmo de la escritura, ahora que los horarios y las actividades de la bella Amelia (que en este momento se concentran en comer y dormir, y ser divina) van, poco a poco, dejando de ser desconocidos para mí.

Bogotá, 2012

miércoles, 4 de enero de 2012

La recurrencia de las imágenes

En la más reciente película de Terrence Melick, El árbol de la vida (2011), aparece una y otra vez la imagen de un árbol: la cámara, desde abajo, atraviesa el follaje para llegar hasta el sol. Esta imagen, una de las preferidas por Sofía Coppola en sus cintas, tiene una fuerza que proviene del movimiento vertical y ascendente que describe y que sitúa a quien observa en su propio punto de observación; es decir, le susurra al oído su tal vez olvidada o poca advertida ubicación. Desde la tierra, el ojo contempla fragmentos de luz que son advertidos gracias a la intromisión de las hojas entre cada uno de los extremos. Algo de esta dinámica de la contemplación es lo que propone Melick en esta cinta que, como lo dice acertadamente Carolina Sanín en la revista Arcadia, anula en el espectador su capacidad de ser contada a otro. La experiencia de narrar al otro el evento de la luz a través del follaje es anulada, así mismo, en el momento en que se da cuenta de ella. Nunca el narrador podrá superar el plano de lo visual sin entrar en el territorio de la metáfora o de lo simbólico. Sólo, en la imagen misma que colma la pantalla de exhibición, puede el observador asistir a la experiencia real que esta imagen propone, de igual modo en que la cinta de Melick se convierte en una película para cada uno de los espectadores.

Bogotá, 2012

domingo, 1 de enero de 2012

Bajo pedido

Hoy, en el recorrido de las calles por la mañana, aprovechando el sol de estos días y la tranquilidad de la ciudad, encontramos un libro de la hija de J. D. Salinger, Margaret A. Salinger, titulado "El guardián de los sueños", que he empezado a leer esta tarde, aprovechando el sol que se cuela por entre el follaje del árbol que da contra la ventana de la sala. Después de un recorrido por las fotos que se intercalan entre el texto, he avanzado un poco en la lectura y en la vida de este misterioso escritor de la mano de su hija y del modo en que ella, a partir de sus textos literarios (cuentos y novela), reconstruye la vida de un autor para quien vida y literatura fueron la misma cosa.

Bogotá, 2012

lunes, 19 de diciembre de 2011

Wake up dead woman

Wake up dead woman
if they did not understand your tender way to being in this world.
If you were a piece of cold flesh.

And when the time arrives, you will not look back
you just will take all your words and go on the road again.

Bogota, 2011.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Instantánea

Y mi voz sólo traerá silencio a tu voz
Y mis manos, desencuentros
Y mi presencia, el anhelo de la soledad
O la nostalgia de lo pasado.

Y mis ojos están llenos del vacío de una mirada a la distancia.
Pero la culpa no está en mi corazón ni en mi alma.

Está en mi voluntad y en la boca que no permite que la voluntad salga
Y recorra mi presencia
Mis manos
Y mi voz.


Bogotá, 2011

Big baboon

Sólo el big baboon sabe lo que pasa por la cabeza de los otros animales de la selva. Big baboon se sienta en la rama gruesa de un árbol y contempla los diferentes verdes de las hojas. Así logra escuchar las voces del León, del tigre, de los monos, hasta la silenciosa voz de las mariposas y saber lo que sucede al caer el sol en las tardes.

Bogotá, 2011