sábado, 23 de octubre de 2010

Acerca de literatura

Un escritor es aquel que escribe una historia, no el que escribe su historia.
Un lector es aquel que lee su historia, no la historia del escritor.

Bogotá, 2010

viernes, 22 de octubre de 2010

Murakami, mon amour 海辺のカフカ


Firma del autor

Pocas lecturas me han conmocionado como me sucede en estos momentos con Kafka en la orilla (2002), de Haruki Murakami (Tokio, 1949). Humana como soy, mi lectura se mueve al vaivén de buscar una explicación al episodio de los niños en el bosque, o al viaje que inicia el protagonista. ¿La estrategia de tan necesaria necesidad? El relato que comienza in media res.


Bogotá, 2010

miércoles, 20 de octubre de 2010

Sálvame, Solano

Andrés Felipe Solano


Es increíble la forma en que la denominación de escritor se ha convertido en un asunto de la parte por el todo. Y más increíble aun que una revista como Granta, que está entre mis afectos debido a su perfecta mezcla entre la imagen y la palabra, incluya dentro de sus autores estrella a Andrés Felipe Solano. Y, peor aun, no solo que lo incluya sino que, además, le dé la categoría de "uno de los mejores escritores en español". ¿Qué ha escrito Solano, aparte de sus crónicas y balbuceos semi-privados, semi-beatniks, semi-afectados, en revistas de circulación gratuita y remunerada? ¿Qué hay de literario o de novedoso, en enterarnos de que la mitad de su armario o del mueble de su baño está ocupado por artículos de una coreana, o que vivió una temporada con un sueldo mínimo en un cuartucho de Medellín? ¿Puede una novela llamada Sálvame, Joe Louis, (de la que hasta la fecha no habían hablado sino sus amigos y compañeros de trabajo) ser motivo suficiente para considerar a Solano como uno de los mejores escritores? Ahora, por culpa de Granta, tendremos que seguir sufriendo a Solano y sus listas de lecturas preferidas y de comidas predilectas.




Bogotá, 2010

martes, 19 de octubre de 2010

Excursión a la montaña

Grafitti



Oasis


Bosque de pinos


Descanso



A propósito de una lectura

Ficción o realidad. Las clasificaciones, más que para entender cómo funcionan las cosas en este mundo, sirven de complemento a nuestra necesidad de reconocer y reseñar todo lo que nos rodea. De igual modo sucede con la literatura y con la vida. Dados, como somos, a separar las cosas, pensamos que nuestra vida corre por una línea paralela a lo que escribimos o a lo que leemos, y todo el tiempo nos esforzamos por ampliar o por mantener la brecha que separa a las dos. Cuando hablo de la irrealidad de una separación entre la literatura y la vida no me refiero, por supuesto, a una cuestión de representación o de mímesis o de interpretación, me refiero a una cuestión más profunda, más vital y que no puede reducirse al juego entre el modelo y la copia, o entre lo escrito y lo leído.
Bogotá, 2010

viernes, 15 de octubre de 2010

Consideración

Es en la carencia de mí mismo en la que soy más entero.
Es en la ausencia de mí mismo en la que soy yo.

Bogotá, 2010

miércoles, 13 de octubre de 2010

Acerca de las facilidades de publicar un libro




Recién me subí al taxi, escuché la siguiente noticia: "Sale el minero número 15 y ha dicho que escribió sus experiencias durante el mes que estuvo bajo tierra. Próximamente publicará un libro". Este deseo de publicar lo que nos sucede, porque creemos o queremos, que lo que escribimos es importante de ser leído, se está convirtiendo en un virus de lo más contagioso. Atiborrados ante tanto libro acerca de las experiencias como secuestrado, como naúfrago, como desmovilizado, como engañado, como atrapado, el ejercicio de la escritura ha dejado de ser lo que era para convertirse en vehículo de morbo y novelería. Ante tanta devaluación del libro (ahora es más difícil publicar en un medio virtual que sacar 300, 500 o 1000 ejemplares en autoedición), y tanta pornografía de las anécdotas, creo que la mejor y más provechosa actividad si de fisgonear se trata, sigue siendo escuchar una conversación mientras se toma una taza de café o se espera turno en una fila.


Bogotá, 2010